a ella, ¡qué no se olvide!,
pero a su lado espere,
aunque las nubes lloren,
aunque el cielo pese.
Amaría le gusta, él dice,
aún llegó en charcas hirientes,
su blusa blanca transparente,
y la piel resplandeciente.
Amaría no le pesa, él cree,
a ella, ni es el empiece,
ya con hombros para posarse,
ya sea Sol que alumbrase,
o el aire que respirase.
Amaría nunca diría, así fue,
a ella no trajo dudas el aire,
ya tuviera oro que reflejase,
día dulce y agradable,
o el amor de un viaje.
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