"De la naturaleza tortuosa de la humanidad, ninguna cosa recta se puede obtener"
Inmanuel Kant
La verdad es que mi forma de ser contrasta con esta forma de pensar, aunque es cierto que hay determinados aspectos de la humanidad que he llegado a odiar. Ahora, no amo a las personas de buenas a primeras, no las odio pero tampoco les doy un voto de confianza como si fuera un folleto de tantos que casi te obligan a coger en la calle, para luego un poco más lejos tirarlo a una papelera.
Sin embargo no puedo culpar a nadie por ello. A lo largo del tiempo, tampoco mucho, me he ido dando cuenta de que somos defectuosos, no me refiero al aspecto biológico, en el cuál tampoco somos totalmente perfectos como llevo estudiando hasta ahora, sino más bien a un aspecto algo más subjetivo, en el que cada persona tiene su propia forma de observar e interpretar la realidad, y de esa forma actuar de una u otra forma. Bla, bla, bla... podríamos decir. No nos podemos dar derecho a criticar, pero lo hacemos, pero lo hago; tú, querido lector, lo haces, no lo niegues. Llegados a este punto, en el que alguien nos lo echa en cara o nosotros mismos reflexionamos sobre ello, recurrimos a lo de "es humano" para así alimentar nuestra buena conciencia, que puede ser que ande en ese momento cojeando y con parches para dejar de fumar.
He elegido entre tantos y tantos caminos, aquel cuyo fin es dedicarme a la sociedad como tal, y no de forma corrupta como otros muchos, sino de verdad. ¿Por qué?, porque soy uno de tantos, porque tengo mi propia forma de pensar, porque cometo errores, tengo defectos, y ésta es una de las formas de expiarme de esta culpa; porque puede que sea algo débil para tirar de este tipo de peso y prefiero administrar de esta forma mis fuerzas. Por lo que al final la conclusión que se puede sacar de todo esto que cuento es que mi objetivo no es hacerlo por los demás, sino por mí, demostrando que todos y cada uno de nosotros tenemos un fondo egoísta, pero hay que saber entenderlo para reconocerlo.
domingo, 28 de abril de 2013
De Sol a Sombra
Tantas son las veces que me despierto con ganas de comerme el mundo, que dejé hace tiempo de contarlas.
Comienzo el día con grandes expectativas, igual que el Sol que ha comenzado a escalar el cielo. Pero tan sólo con los primeros tragos de esa sustancia en la que está inmersa la sociedad, y apenas habiendo masticado el primer bocado de la mañana, me siento empachada, harta de abismos en las calles de la ciudad, a punto de echarlo todo tan rojo como los semáforos que me voy encontrando en el camino.
No me doy apenas un respiro, y me obligo a seguir masticanco, llegando un punto en el que siento la necesidad de estrujarme la garganta para conseguir tragar. Aún así, sigo hacia adelante, aún con el peligro de que en cualquier momento me puedo atragantar e incluso morir asfixiada.
Pasan las horas y sigo viva, me siento como una rata ante un desastre nuclear que observa como el Sol se pone iluminando de un tono rojizo la destrucción que la rodea, pero no estoy orgullosa de haber sobrevivido. Estoy mirando en el cielo como el Sol va tropezando en su bajada, corriendo para esconderse, y soy consciente de que no soy la única con el estómago lleno de tuercas y tornillos, sueltos y sin enroscar.
A pesar de que en el fin del día el camino va cuesta abajo, los semáforos siguen en el mismo lugar, y las ganas de refugiarme en un ovillo en la sombra oscura de mi habitación se incrementan, hasta el punto de que esas piernas que a lo largo de la tarde flojeaban se vuelven de repente fuertes. Pero no puedo decir lo mismo de mi equilibrio, las aceras se van estrechando progresivamente y el tráfico aumenta considerablemente. Es hora punta para la migración hacia casa, avanzamos cual aves cuyas alas se van desplumando, y van volando cada vez más bajo, como si un campo magnético en el infierno las atrayese.
Finalmente mi cuerpo da el último empujón al día, un último trago que me deja alcoholizada, sujetándome en el marco de la puerta para no caer. Todavía existe el riesgo de hundirme en el suelo piso por piso, y arrastro mis pensamientos igual que arrastro mi cuerpo por el suelo, hasta darme cuenta de que ha terminado otro día.
Tantas son las veces que me acuesto con ganas de vomitar el mundo, que dejé hace tiempo de contarlas.
Comienzo el día con grandes expectativas, igual que el Sol que ha comenzado a escalar el cielo. Pero tan sólo con los primeros tragos de esa sustancia en la que está inmersa la sociedad, y apenas habiendo masticado el primer bocado de la mañana, me siento empachada, harta de abismos en las calles de la ciudad, a punto de echarlo todo tan rojo como los semáforos que me voy encontrando en el camino.
No me doy apenas un respiro, y me obligo a seguir masticanco, llegando un punto en el que siento la necesidad de estrujarme la garganta para conseguir tragar. Aún así, sigo hacia adelante, aún con el peligro de que en cualquier momento me puedo atragantar e incluso morir asfixiada.
Pasan las horas y sigo viva, me siento como una rata ante un desastre nuclear que observa como el Sol se pone iluminando de un tono rojizo la destrucción que la rodea, pero no estoy orgullosa de haber sobrevivido. Estoy mirando en el cielo como el Sol va tropezando en su bajada, corriendo para esconderse, y soy consciente de que no soy la única con el estómago lleno de tuercas y tornillos, sueltos y sin enroscar.
A pesar de que en el fin del día el camino va cuesta abajo, los semáforos siguen en el mismo lugar, y las ganas de refugiarme en un ovillo en la sombra oscura de mi habitación se incrementan, hasta el punto de que esas piernas que a lo largo de la tarde flojeaban se vuelven de repente fuertes. Pero no puedo decir lo mismo de mi equilibrio, las aceras se van estrechando progresivamente y el tráfico aumenta considerablemente. Es hora punta para la migración hacia casa, avanzamos cual aves cuyas alas se van desplumando, y van volando cada vez más bajo, como si un campo magnético en el infierno las atrayese.
Finalmente mi cuerpo da el último empujón al día, un último trago que me deja alcoholizada, sujetándome en el marco de la puerta para no caer. Todavía existe el riesgo de hundirme en el suelo piso por piso, y arrastro mis pensamientos igual que arrastro mi cuerpo por el suelo, hasta darme cuenta de que ha terminado otro día.
Tantas son las veces que me acuesto con ganas de vomitar el mundo, que dejé hace tiempo de contarlas.
sábado, 27 de abril de 2013
jueves, 25 de abril de 2013
Menos dos alas
Vi que los días espesos y de cansancio se acercaban, el calor del verano amenazaría pronto como amenazaban ese día las nubes grises con volverse negras. Vi que algún que otro pájaro sobrevolaba el cielo, posiblemente en busca de algún robusto árbol en el que resguardarse del frío viento y la humedad creciente. Y yo como siempre sentada frente a la pared, en algún que otro minuto perdía quince segundos para observar a través de la ventana a mi izquierda, aunque puede que el término perder sea erróneo, más bien ganaba quince segundos para mí. Llevaba rato intentando convencerme de encender la lámpara verde de mi escritorio, a pesar de ser tan solo las cuatro de la tarde. Tenía de fondo cierta canción de Sabina, extraño en mí. Quizás se debiera a mi cabeza, dándole vueltas a un tal González, "un Ángel menos dos alas", no le hacían falta para volar, podía llegar más alto que aquellos pájaros del cielo gris, tan sólo con un poco de tinta y una estrofa sin verso.
viernes, 5 de abril de 2013
La realidad, lo real, cerraba mis ojos
antes acostumbrados a la penumbra,
sintiéndome caer poco a poco
en un mar sin agua, siendo yo la lluvia.
Realmente quería volverme loco,
estrechado en sus brazos perdía la cordura.
Ciertos sentimientos me habían convencido
de que lo mejor es retirarse a tiempo
de aquello sufrido, aquello que ha dolido.
Ahora aquí sentado miro mi querido cielo,
sé que fui consciente de caer en otro sentido,
contra la gravedad y no contra el suelo.
Mi mente flotaría entre las nubes,
mi pena vendría en forma de átomos
liberados formando el aire que sube
tras mi respiración, sintiendo el olor
de la primavera que nunca tuve.
antes acostumbrados a la penumbra,
sintiéndome caer poco a poco
en un mar sin agua, siendo yo la lluvia.
Realmente quería volverme loco,
estrechado en sus brazos perdía la cordura.
Ciertos sentimientos me habían convencido
de que lo mejor es retirarse a tiempo
de aquello sufrido, aquello que ha dolido.
Ahora aquí sentado miro mi querido cielo,
sé que fui consciente de caer en otro sentido,
contra la gravedad y no contra el suelo.
Mi mente flotaría entre las nubes,
mi pena vendría en forma de átomos
liberados formando el aire que sube
tras mi respiración, sintiendo el olor
de la primavera que nunca tuve.
miércoles, 3 de abril de 2013
Lluvia de ayer
Se oía mudo el día,
tanto hoy como ayer,
sabiendo que vendría
sonido de lluvia al caer.
Nubes dibujaban el cielo,
la humedad se sentía,
y el cristal como el hielo,
frío en sus mejillas.
Tarde llegaría el llanto,
viniendo de muy lejos,
formando mares en charcos,
por las calles cual espejos.
Ya no sé quien fue,
si la nube de desencanto,
si la atormentada mujer,
dueña del desastre lejano.
Daba lágrima por gota,
con el peso de saber
que acabaría tirada y rota,
como cada gota de ayer.
tanto hoy como ayer,
sabiendo que vendría
sonido de lluvia al caer.
Nubes dibujaban el cielo,
la humedad se sentía,
y el cristal como el hielo,
frío en sus mejillas.
Tarde llegaría el llanto,
viniendo de muy lejos,
formando mares en charcos,
por las calles cual espejos.
Ya no sé quien fue,
si la nube de desencanto,
si la atormentada mujer,
dueña del desastre lejano.
Daba lágrima por gota,
con el peso de saber
que acabaría tirada y rota,
como cada gota de ayer.
martes, 19 de marzo de 2013
Guárdate la lógica donde te quepa, que de aquí en adelante sólo le pienso hacer caso al instinto. Como si acabo meando como un perro en cada farola del camino que haga a pie. Prefiero insultar a mi sexto sentido antes que a mi inteligencia, y dejarme llevar por este maldito viento que arrastra el polvo obstruyendo mis párpados.
Y si no te ha quedado claro, te recuerdo que tú mismo eres el que se dejó llevar por la locura, y no me digas que estabas bajo el efecto del alcohol y toda tu mierda. Te dejaste llevar, y eso es lo que importa. Puede que del cuerpo de aquella chica no hayan quedado ni las cenizas, pero todavía quedan las marcas en aquel árbol después de que estrellaras tu sucio coche en él; y seguro que todavía queda algún pelo de la pobre en tu maletero, todos sabemos muy bien que no se te da bien limpiar.
Así que ahora déjame ir. Hermano, déjame ir. He abotonado mis labios por ti en cada interrogatorio, y ya es hora de ser libre. Deja ya de preguntarme que haré con mi vida, porque lo esencial está ahí, al menos haré algo con mi vida, no como tú, dejándola escapar entre trago y trago.
Y si no te ha quedado claro, te recuerdo que tú mismo eres el que se dejó llevar por la locura, y no me digas que estabas bajo el efecto del alcohol y toda tu mierda. Te dejaste llevar, y eso es lo que importa. Puede que del cuerpo de aquella chica no hayan quedado ni las cenizas, pero todavía quedan las marcas en aquel árbol después de que estrellaras tu sucio coche en él; y seguro que todavía queda algún pelo de la pobre en tu maletero, todos sabemos muy bien que no se te da bien limpiar.
Así que ahora déjame ir. Hermano, déjame ir. He abotonado mis labios por ti en cada interrogatorio, y ya es hora de ser libre. Deja ya de preguntarme que haré con mi vida, porque lo esencial está ahí, al menos haré algo con mi vida, no como tú, dejándola escapar entre trago y trago.
domingo, 17 de marzo de 2013
Vacío, lleno, ¿qué más da?
Tranquila, tu corazón seguirá bombeando, tus pulmones inspirando y espirando. Tranquila. Y llegará un momento en el que encuentre un por qué para seguir haciéndolo.
Puedes vivir de un tal vez, de una ilusión, esperando, pero nadie te dice que sea buena la calidad de ese tiempo.
Tranquila, tu corazón seguirá bombeando, tus pulmones inspirando y espirando. Tranquila. Y llegará un momento en el que encuentre un por qué para seguir haciéndolo.
Puedes vivir de un tal vez, de una ilusión, esperando, pero nadie te dice que sea buena la calidad de ese tiempo.
miércoles, 13 de marzo de 2013
Una estrella fugaz
Realmente me hago preguntas cuando miro el cielo. Alguna que otra estrella se ha escapado de repente, tímida, al descubrir que las observaba, dejando tras de sí un haz de luz de diferentes colores. Es la noche que influye cargando la atmósfera de cierta perturbación, es un gran cambio ese que se lleva a cabo todos los días. Y en esas algunas noches consumí un único deseo mientras mis ojos perseguían a aquellas estrellas avergonzadas, un deseo en el que la cultura había hecho que creyera por un segundo, dejándome soñar por un momento despierta. Y todavía después de varios días sigo pensando en ese deseo, algo simple, pero que me haría feliz; y no creo en esto, pero me engaño para creer, es más fácil así.
domingo, 10 de marzo de 2013
No se ha roto nada
No se ha roto nada.
Todos los pedazos unidos
de aquella verdad,
todos los sueños casi cumplidos,
y aquella canción sin edad,
resonando en esta noche sin sentido.
No se ha roto nada.
Él está bien, eso está bien,
y aquello también,
las palabras rondan la noche,
las palabras casi pronunciadas,
casi exhaladas, casi derrochadas.
No se ha roto nada.
Los pensamientos perdidos
yacen en un lugar conocido,
y la humedad los degrada,
en la lluvia, en la casi nieve,
en la realidad imaginaria.
No se ha roto nada.
nadie dice que todo
gira en la noche,
nadie dice que ella
no sea oscura, es dorada,
es ella casi oxidada.
No se ha roto nada.
Pero digo: ¿Acaso hace falta?,
en el espesor de la mente,
en el peligro de las trampas,
cuando yo las inventé.
Y es que no queda nada.
No quedaba nada, ni ahora, ni antes, pero puede que sí después. Suena raro decir que se confía en el futuro, pero no queda otra alternativa cuando el pasado es pasado y el presente no te da tiempo.
Todos los pedazos unidos
de aquella verdad,
todos los sueños casi cumplidos,
y aquella canción sin edad,
resonando en esta noche sin sentido.
No se ha roto nada.
Él está bien, eso está bien,
y aquello también,
las palabras rondan la noche,
las palabras casi pronunciadas,
casi exhaladas, casi derrochadas.
No se ha roto nada.
Los pensamientos perdidos
yacen en un lugar conocido,
y la humedad los degrada,
en la lluvia, en la casi nieve,
en la realidad imaginaria.
No se ha roto nada.
nadie dice que todo
gira en la noche,
nadie dice que ella
no sea oscura, es dorada,
es ella casi oxidada.
No se ha roto nada.
Pero digo: ¿Acaso hace falta?,
en el espesor de la mente,
en el peligro de las trampas,
cuando yo las inventé.
Y es que no queda nada.
No quedaba nada, ni ahora, ni antes, pero puede que sí después. Suena raro decir que se confía en el futuro, pero no queda otra alternativa cuando el pasado es pasado y el presente no te da tiempo.
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¿ Escribo simplemente por escribir?
Desahogo en forma de un diario de sensaciones e ideas ciertamente abstractas.
Sin pretensiones de que me conozcan, ¿o miento?.
Todo es posible.
Oculto tras mis palabras, aquellas que dejo escapar desde lo más profundo de mi mente se puede hallar
No estaría mal ahogarse en un mar hecho de mis propios pensamientos, o navegarlo con un velero en un solo sentido, pero todo esto es demasiado profundo.
No puedo evitarlo.
Sobrevivo entre alegría y alegría, entre tristeza y tristeza. Como todos.
Pensamientos y sentimientos que se funden entre lágrima y sonrisa.
El resumen: Caóticamente hablando.


