domingo, 26 de febrero de 2012

Guerra de causas y consecuencias

-Adiós
-Cuídate, adiós.
-Eso intento, pero a veces no sabemos que es lo mejor para nosotros mismos. Me confundes. Sé que esto no me conviene, no le conviene a cierta parte en mi interior. Sé que me va a costar salir de este agujero de rosas, que ahora mismo se me aparecen rojas y apasionantes, pero que en realidad son negras y con espinas. Pero no puedo evitarlo. La atracción y la curiosidad convertida en ilusiones, sentir como me pincha cada espina, notar los arañazos y ver sangrar cada herida, morder rosa tras rosa y saborear mi propia sangre, todo, cada detalle, me impiden ver claro y razonar. Finalmente es siempre igual, soy menos fuerte.
- Cuantas palabras en tan pocos segundos para describir un único sentimiento. Tu sangre, mi sangre, ambas están manchando las rosas, antes eran blancas, ahora son rojas, y cuando la sangre se seque serán negras.
- ¿Lo ves?, no me entiendes, no me convienes. Pero yo tampoco me entiendo. Tus pupilas se me aparecen como agujeros negros, que me atraen con una fuerza indescriptible hacia un lugar del que jamás podré volver completamente entera. Si es que existe tal lugar. Estoy perdida, mantén tu mirada hacia el suelo, si me mirases  ahora mismo no podría volver atrás, algo en mí se transformaría de forma permanente. La única manera de arreglarlo sería aniquilar esa parte escondida profundamente en mi interior que me da valor para afrontar las situaciones.
-No te miro, quiero hacerlo, no lo soporto. Y es cierto, es como una droga, ésto. Tú y yo.
-Sí, y me gustaría que fueras tú quien me ayudara a desengancharme, pero sería una gran ironía. Intento salir por una puerta, para luego volver a entrar por una ventana. No puedo marcharme, no puedo dejarlo.
- Yo tampoco, pero debo irme, odio ser tal causa.
-Yo también lo odio, lo odio y lo amo a la vez. Te odio, pero te amo. Que sea un hasta luego, aunque debiera ser un adiós.
- Te daré un hasta pronto, y te prometeré un adiós.
- Adiós.

sábado, 25 de febrero de 2012

Solamente si sientes lo mismo, si lo entiendes.

- ¿Te importa?
-Sí, me importa, son mis sentimientos, no tengo otra manera de expresarlos, son mis palabras. No lo entiendo, ¿Por qué te interesan?, para ti son simples frases encadenadas con cierto encanto, cuyo uso es sólo superficial.
-No soy capaz, yo no escribo.
-Si ni siquiera lo intentas... si lo único que sabes hacer es engañar acerca de lo que sientes. Porque no son tus palabras, son las mías. Y no es arte. Hazlo, pero sólo cuando me logres entender, cuando sientas exactamente lo mismo, o te transmita una sensación.
Esa espontaneidad que me caracteriza hace que a veces no me pare ni un segundo a reflexionar en las consecuencias de mis actos. Estoy harta de disculparme.

El que nada no se ahoga.

Pues prefiero ahogarme.
Prefiero no saber nadar, no callarme, gritar, que no haya nada que lo impida, nada.
Tener siempre una respuesta, que siempre pase algo, que después de un sentimiento venga otro, no quiero sentir vacío ni contestarte con un simple "nada".
En todo caso, prefiero ahogarme, en un mar frío y profundo de lágrimas. Y si puede ser, que sea en el de tus ojos.
Siempre que cruzo una mirada contigo es como si me golpearan enormes olas y me arrastraran hacia ti en una corriente de ilusiones.

Y vuelve esa sensación...

Parece que hay algo que me impide abrir bien los ojos, como un exceso de luz que me deslumbra, como si estuviera en un sueño, o en una pesadilla. Lo odio, quiero ver y no puedo, quiero hablar y no puedo, hay algo que me priva de mis sentidos, incluso quiero pensar y hallar una solución, y no puedo, algo me lo impide.
Creo que es impotencia.
Esto despierta en mi una sensación feroz, rabia pura. Y lo único que soy capaz de hacer es apretar los puños, morderme los labios y saborear mi sangre, saborear mi incapacidad para actuar.

miércoles, 22 de febrero de 2012

No sé qué clase de juego se trae  el destino entre manos. Parece ser un "cap ou pas cap".
Uno detrás de otro, pero muy separados. La distancia es buena, al menos si se aplica a esta situación. La distancia entre una acción y otra, en esta especie de juego perverso, es buena.
Hay otras cosas en las que la distancia atemporal me frustra, llega un momento en el que se hace insoportale. La cura a esta impaciencia no es poner fin a tal distancia, sino alargarla, multiplicarla por dos. Finalmente se olvida.

lunes, 20 de febrero de 2012

Dicen que las personas tenemos entre unas de nuestra principales necesidades una mínima demostración externa de afecto, o cariño, o amor, como queráis llamarle. ¿Pero hasta qué punto?
Esto me hace reflexionar y creo que cada persona necesita diferente cantidad, no existe una unidad de medida universal para ello, somos nosotros los que decidimos o sentimos cuanto. En mi caso, yo decido cuanto necesito y cuanto puedo ser capaz de soportar. Sí, así es, soportar.
Vivir a expensas de cualquier tipo de demostración afectiva puede llegar a ser desastroso para muchas personas, pero para otras es un hecho indiferente. Estas últimas personas poseen un rasgo más marcado que las otras, frialdad, esa frialdad que invade muchas personalidades.
La frialdad es considerada unas veces como signo de fortaleza emocional, otras veces como la prueba de la ausencia de hipocresía, una mayoría la ve como característica propia de un ser asocial, y una minoría la concibe como un refuerzo del carácter. Todos se equivocan, todas estas teorías mientras sigan sin coexistir en armonía seguirán siendo falsas. La respuesta es mucho más profunda que todo esto. La frialdad es simplemente un único rasgo de la personalidad, junto con muchos más, y son éstos los que condicionan el modo de expresar los sentimientos. Una persona extrovertida y con capacidad para lidiar con gran cantidad de personas puede ser perfectamente distante, no es necesario que sea alguien afectuoso. Exteriorizar los sentimientos propios es algo difícil en ciertas personas, pero sólo se trata en el caso de manifestarlos en forma de afecto u otras formas más intensas, porque una persona espontánea, con facilidad para decir lo que piensa y lo que siente puede ser perfectamente fría y no ser capaz de desnvolverse afectivamente.
En otros muy pocos casos la frialdad se debe a una falta de interés, a la indiferencia total, y en otros muchos a un problema más serio o a una simple discusión.
Quiero borrar como si fuera una palabra hasta hacer un agujero en el papel donde está escrita, quiero destruir, aniquilar, quiero hacer desaparecer y que no exista ni siquiera en otra dimensión, quemar hasta que no queden ni cenizas, desintegrar hasta que no quede una mínima partícula de polvo, enterrar como si fuera un recuerdo del pasado, volar por los aires de forma que llegue al espacio y sea atraído por un agujero negro, quiero olvidar, olvidar como si todo lo anterior  hubiera pasado antes de que esto alcanzara mi mente, quiero que ya no me afecte más esa maldita idea, quiero que todos los semáforos de los caminos que llegan a mí estén en rojo exclusivamente para ella, quiero que se multe a ese pensamiento y que se le impida cruzar mi mente.
 Sin embargo, sé que la única capaz de todo esto soy yo, y ahora mismo no veo. Aunque creo que no debo preocuparme, no es una ceguera, es sólo un enorme obstáculo que se encuentra frente a mí y que en cualquier momento se disipará como humo, o como el vaho que a veces exhalabas suavemente en mi cara aquellas  mañanas frías.

Tal vez sería más fácil dejar de esperar a algo que no tiene fecha de caducidad impresa y cortar la idea de raíz, poner solución a su principal causa y quemar todas las posibles semillas que puedan hacer que renazca. Pero son demasiadas las causas, y ninguna se antepone a las demás, así que antes debo elegir, algo que nunca ha sido fácil para mí. Es posible que lo logre, ten fe en mí, por ahora no necesito más.




http://lux-chaoticnonexistent.blogspot.com/

viernes, 17 de febrero de 2012

Testamento de una bulímica

Ya se lo había preguntado en varias ocasiones. Sin embargo, ella nunca contestaba de la misma forma, e incluso, cuando parecía ser la artífice de excusas crudas y baratas, ella seguía intentándolo. Ella era la principal testigo de sus mentiras, yo simplemente quería creerlo.
La situación cada vez resultaba más desquiciante y se mezclaba con el aire de desesperación que traía aquella chica.
Esta vez decidí permanecer en silencio durante un instante, cerrar los ojos de forma violenta y sin preguntar, mostré hasta donde llegaba mi preocupación. Simplemente dije:
- Ya no lo soporto.
Ella no supo reaccionar, se quedó mirándome fijamente, apenas pestañeaba. Y entonces, estallé en letras sin tinta.
- ¡Me duele! Aunque ahora sé que no eres tú. No, ya no lo eres. Si quieres destruirte, adelante, pero no la destruyas a ella, deja su vida tal cual la encontrastes, intacta.

sábado, 11 de febrero de 2012

No me digas que sí, pero tampoco que no. Ni siquiera un "tal vez"


Y ahora me embarga una sensación extraña, de vacío. Pienso en llorar, pero no puedo, no me afecta. Pero tampoco me siento mejor. Quería despejar dudas, y sólo he conseguido despejar las suyas, si es que tenía. Tal vez si gritara o rompiera algo... pero lo pienso y tampoco me atrae la idea. Supongo que sólo queda esperar y ser testigo del tiempo; pero solamente me esperaré a mi misma, a lo que estoy por ser.
Estoy cansada, estoy realmente cansada. Ya no podía más y pensé que decirlo me aliviaría, pero cuánto más pienso en ello más idiota me siento. Al menos he dejado atrás la confusión y ya no me veo como la única imbécil. No hay errores.

¿ Escribo simplemente por escribir?

Desahogo en forma de un diario de sensaciones e ideas ciertamente abstractas.
Sin pretensiones de que me conozcan, ¿o miento?.
Todo es posible.
Oculto tras mis palabras, aquellas que dejo escapar desde lo más profundo de mi mente se puede hallar
No estaría mal ahogarse en un mar hecho de mis propios pensamientos, o navegarlo con un velero en un solo sentido, pero todo esto es demasiado profundo.
No puedo evitarlo.
Sobrevivo entre alegría y alegría, entre tristeza y tristeza. Como todos.
Pensamientos y sentimientos que se funden entre lágrima y sonrisa.

El resumen: Caóticamente hablando.